No obstante a los cientos de miles de pronunciamientos que se han generado en Colombia y otras naciones del planeta, por la decisión del presidente Gustavo Petro, en lo que tiene que ver con el anuncio para llevar a cabo una consulta popular que le permita validar y refrendar a través del constituyente primario todo lo que el congreso le ha negado en lo relacionado a las reformas laboral y salud; esto no nos impide naturalmente, y mas bien nos obliga como plataforma y periodismo de opinión a presentarles nuestro pensamiento crítico frente al hecho.
Intentamos hacerlo en los mismos términos académico y filosóficos, lógicamente guardando las naturales y justas proporciones, a como lo hizo el filosofo griego, Tales de Mileto, dirigiéndose a sus seguidores y alumnos. “Son los errores corregidos los que nos conducen al progreso”
El señor presidente ha cometido muchos. El primero apenas comenzando su mandato graduó de enemigo al Congreso por decisiones similares a las de hoy y lo amenazó con lanzarles el pueblo a las calles. El legislativo le respondió constitucionalmente. “Las Leyes las hace el Congreso, no el Pueblo”, eso fue lapidario. Primer asalto perdido.
Acto seguido, el mandatario colombiano anunció una asamblea constituyente para reformar la constitución, y desde su propia esquina le tiraron la toalla y la propuesta diluida y convertida en amenaza, fue retirada rápidamente. Segundo Asalto perdido.
No cabe duda que las propuestas de reforma del presidente están cargadas de buenas intenciones y que el país las clama y las necesita. Hay unanimidad en que hay que reformar la salud por ineficiente en la prestación del servicio asistencial, hospitalario y suministro de medicamentos. También se expresa profunda preocupación por las inequitativas condiciones laborales de los trabajadores colombianos y la clase trabajadora en general.
Pero el presidente Petro, equivocó el camino.
A pesar de la unanimidad y la necesidad imperiosa de cambiarles cosas a estos dos componentes vitales dentro de cualquier sociedad, siempre es necesario y por su verdadera importancia y relevancia requieren un tratamiento muy educado y consensuado. Petro, equivocó el camino que ha debido transitar consensuando, concertando y deliberando para entonces poder perfeccionar la idea y ganar adeptos y amigos. El pensamiento crítico se perfecciona sometiendo a las ideas a un proceso de carpintería conceptual. Cometió el error de manejar arrogancia y prepotencia, incluso no consultando decisiones trascendentales con su propio gabinete
Esta convocatoria a consulta popular tiene una altísima vocación de fracaso, por los tiempos, por los costos, por la resistencia y por la impopularidad que registra en las encuestas el presidente. Otro gran enemigo que tendría este noble propósito es el alto índice de abstención electoral debido a que la gente no cree en los gobiernos ni en sus gobernantes. En el gobierno actual, por su carácter ideológico de izquierda, se marco una inmensa expectativa de cambio, pero no lo ha logrado y difícilmente lo logrará.
Los antecedentes históricos de las últimas tres consultas tampoco lo acompañan, todas se han perdido. Veamos: El 25 de octubre del año 2003, Álvaro Uribe Vélez, a pesar de su altísima popularidad generada a través de una efectiva y bien articulada política de seguridad democrática, perdió el referéndum constitucional convocado. De 15 preguntas solo ganó una. La declaratoria de muerte política para los corruptos condenados.
Le siguió la estrepitosa derrota en el 2016 de Juan Manuel Santos, con el plebiscito por la Paz y la última en el 2018 convocada por la exalcaldesa, Claudia López, con la consulta anticorrupción.
El panorama es oscuro. Y a toda esta adversidad habría que pensar en los siguientes términos hipotéticos. Si el presidente Gustavo Petro, decide continuar y pierde, quedaría totalmente deslegitimado porque el pueblo al que tanto invoca y llama a las calles, no lo acompañó. En cualquier escenario, la situación para el señor presidente la situación es muy difícil y compleja.